Estoy estirada en la cama, medio despierta medio soñando. Hacía años que no podía disfrutar sin límite de tiempo esa sensación. Vienen las ideas, me tocan, se van, fluyen... Fluyo yo también hacia y desde mí misma, mezclando los recuerdos con las ilusiones y con mi presente.
Qué paz después de acabar exámenes y sin tener que trabajar. Y a partir de ahora el trabajo ya no será nunca más trabajo, solo seré yo haciendo lo que me gusta.... Lo estoy logrando!! Estoy tan feliz que voy grabando vídeos de mi vida para que quede en el recuerdo de lo que nunca se esperó para mí. Acabo la carrera casi ya!!
Fluyo...
lunes 1 de febrero de 2010
viernes 1 de enero de 2010
Buenas obras bañadas de chocolate caliente
- And so, what are you two doing here? (el individuo, importado de Alemania, lleva un traje descompuesto con la corbata a modo de corona justo debajo del sombrero de paja tipo granjero, como una lamparita de sobremesa de cuello para arriba)
- Well, we were at my home just talking about Chilean politics and we decided to go for a hot chocolat to have breakfast. But is still closed so, we are taking these biers till it be opened at 9:00. (with Spanish accent, please)
- Oh!!! This is really good!!
"Porque llevo seis meses viajando sola por Europa. Pero es fin de año, estoy en Barcelona y no quiero irme a casa todavía que son solo las 4:30." Me dice una chilena llamada Pía, deambulando, medio abrazándose a mí, medio tirándose para atrás. Me da cosa dejarla en ese estado ahí en medio... Estoy con mis amigos en la plaza Urquinaona al salir de la taberna irlandesa. Obviamente la chilena esta es como nosotros, así que la acogemos un rato, Belén le da su teléfono para que no esté sola estos días y conversamos hasta que mis amigos ya están para el arrastre. Es que me sabe mal dejarla tirada en medio de una ciudad nueva... me pongo en su piel y me entra el espíritu adoptivo que a veces me sale caro. "Bueno, Pía, ¿qué hacemos? ¿Vamos a bailar un rato hasta que se te pase? Yo no tengo sueño tampoco." Y de camino a alguna discoteca pasamos por la puerta de mi casa, con dos latas de cerveza por abrir justo en el tranco. Subimos para ir al baño y la chica se sienta en el sofá y se pone a hablar de Pinochet... bueno, pues charlemos. Igual son ya las 6:00, ¿para qué vamos a ir a bailar y pagar si en cosa de un rato cierran todo? Pero a la hora y media estoy cansada, hambrienta y no sé cómo decirle a la chica que quiero dormir. Así que le propongo salir a desayunar para seguir hablando un rato, antes de despedirnos...
De vuelta en el camino sigue todo cerrado, pero encontramos otra taberna irlandesa, esta vez regentada por paquistaníes y con música reagge. "Te invito a otra cerveza", me dice. Y hay que ver la facilidad con la que me dejo liar. Las lámparas de sobremesa del sitio son importadas desde toda Europa por Ryanair: Montpellier, Edimbourgh, Stuttgart y Módena... todo en un mismo local, intentando hablar con nosotras por turno. "Pero eres muy sexy y yo quiero ligar... qué hago si me lío con alguno de éstos?, no quiero dejarte sola aquí en medio..." me dice con un acento que aún no sé escribir. "Dulce, mi casa está en la calle de arriba, andáte con el que prefieras y yo me marcharé entonces." Y el escogido por Pía es Módena. El amigo de Módena es de Ferrari y hablamos poco rato hasta que Pía vuelve de besar a Módena y me pide coger un taxi para irse a casa porque no le gusta el chico. Módena y Ferrari nos acompañan (o nos siguen) hablando de política berlusconiana durante la más de media hora que tarda en aparecer un taxi libre que quiera llevar a la deambulanta a su casa.
- E alhora, che faciamo? A fatto colazione?
- No ancora... va benne facere un cioccolate caldo?
No me han dejado pagar el chocolate caliente y me han acompañado hasta la puerta de casa de nuevo, esta vez entrando yo sola. 10:00 de la mañana (sí, he dormido 5 horas o menos).
Felice Anno Nuovo!!
- Well, we were at my home just talking about Chilean politics and we decided to go for a hot chocolat to have breakfast. But is still closed so, we are taking these biers till it be opened at 9:00. (with Spanish accent, please)
- Oh!!! This is really good!!
"Porque llevo seis meses viajando sola por Europa. Pero es fin de año, estoy en Barcelona y no quiero irme a casa todavía que son solo las 4:30." Me dice una chilena llamada Pía, deambulando, medio abrazándose a mí, medio tirándose para atrás. Me da cosa dejarla en ese estado ahí en medio... Estoy con mis amigos en la plaza Urquinaona al salir de la taberna irlandesa. Obviamente la chilena esta es como nosotros, así que la acogemos un rato, Belén le da su teléfono para que no esté sola estos días y conversamos hasta que mis amigos ya están para el arrastre. Es que me sabe mal dejarla tirada en medio de una ciudad nueva... me pongo en su piel y me entra el espíritu adoptivo que a veces me sale caro. "Bueno, Pía, ¿qué hacemos? ¿Vamos a bailar un rato hasta que se te pase? Yo no tengo sueño tampoco." Y de camino a alguna discoteca pasamos por la puerta de mi casa, con dos latas de cerveza por abrir justo en el tranco. Subimos para ir al baño y la chica se sienta en el sofá y se pone a hablar de Pinochet... bueno, pues charlemos. Igual son ya las 6:00, ¿para qué vamos a ir a bailar y pagar si en cosa de un rato cierran todo? Pero a la hora y media estoy cansada, hambrienta y no sé cómo decirle a la chica que quiero dormir. Así que le propongo salir a desayunar para seguir hablando un rato, antes de despedirnos...
De vuelta en el camino sigue todo cerrado, pero encontramos otra taberna irlandesa, esta vez regentada por paquistaníes y con música reagge. "Te invito a otra cerveza", me dice. Y hay que ver la facilidad con la que me dejo liar. Las lámparas de sobremesa del sitio son importadas desde toda Europa por Ryanair: Montpellier, Edimbourgh, Stuttgart y Módena... todo en un mismo local, intentando hablar con nosotras por turno. "Pero eres muy sexy y yo quiero ligar... qué hago si me lío con alguno de éstos?, no quiero dejarte sola aquí en medio..." me dice con un acento que aún no sé escribir. "Dulce, mi casa está en la calle de arriba, andáte con el que prefieras y yo me marcharé entonces." Y el escogido por Pía es Módena. El amigo de Módena es de Ferrari y hablamos poco rato hasta que Pía vuelve de besar a Módena y me pide coger un taxi para irse a casa porque no le gusta el chico. Módena y Ferrari nos acompañan (o nos siguen) hablando de política berlusconiana durante la más de media hora que tarda en aparecer un taxi libre que quiera llevar a la deambulanta a su casa.
- E alhora, che faciamo? A fatto colazione?
- No ancora... va benne facere un cioccolate caldo?
No me han dejado pagar el chocolate caliente y me han acompañado hasta la puerta de casa de nuevo, esta vez entrando yo sola. 10:00 de la mañana (sí, he dormido 5 horas o menos).
Felice Anno Nuovo!!
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sábado 5 de diciembre de 2009
Desapareciendo
Mientras me miro en la cama me doy cuenta de que me he quedado blanquísima. Tengo que comprarme unas sábanas más oscuras para estar segura de que lo que veo es mi cuerpo...
jueves 3 de diciembre de 2009
Tiempo al tiempo
No hablo de mí. No me gusta nada ese sentimiento de notar que me miran. Me parece bien que una parte del mundo vea una mitad de mí, y que la otra parte vea otra mitad. Así, parece que estoy hecha a medias, lo sé. Pero me ayuda a no sentirme tan diferente como soy yo toda entera.
Aunque el tiempo es implacable. Un día es en la Playa desnudos entre las Medusas, otro día es en medio de las obras de la Sagrada Familia viendo Barcelona, o en medio de la Taiga fotografiando el Atardecer, hablando del camino hacia la selva Peruana, durmiendo con las manos entrelazadas bajo un tejado de Madera cuando hace menos de cero grados fuera, viajando entre las Estrellas del círculo polar... Sea como sea, el tiempo está dilatando todas esas situaciones. Me mira cada vez con más curiosidad. Cada vez más a dentro, como si él también fuera un gitano con ese prisma interior para ver mejor lo Mejor.
Es como si el frío que hace fuera de la cabaña no importara ya si puedo mostrarme sin temor a ser distinta. Sonreír de Verdad.
Aunque el tiempo es implacable. Un día es en la Playa desnudos entre las Medusas, otro día es en medio de las obras de la Sagrada Familia viendo Barcelona, o en medio de la Taiga fotografiando el Atardecer, hablando del camino hacia la selva Peruana, durmiendo con las manos entrelazadas bajo un tejado de Madera cuando hace menos de cero grados fuera, viajando entre las Estrellas del círculo polar... Sea como sea, el tiempo está dilatando todas esas situaciones. Me mira cada vez con más curiosidad. Cada vez más a dentro, como si él también fuera un gitano con ese prisma interior para ver mejor lo Mejor.
Es como si el frío que hace fuera de la cabaña no importara ya si puedo mostrarme sin temor a ser distinta. Sonreír de Verdad.
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jueves 12 de noviembre de 2009
Yendo y viniendo
De vuelta en casa, con las mismas calles malolientes y húmedas, los mismos borrachos y las mismas putas en las ramblas. Algunos vagabundos nuevos, otros que ya no están. Mi habitación de principios del siglo XX, los grandes señores catalanes y el modernismo por doquier. Ahora mi cuarto es una puerta dimensional para enseñar todo esto a mi otro mundo. Van viniendo con cuenta gotas pero seguidito, van conociendo a la gente de aquí y se van haciendo todos con todos. Entonces pasan las cosas mágicas: la cadena de viajes se extiende, y de repente todos van y vienen enseñando sus puertas dimensionales y sus diferentes mundos.
Así cerramos los bares todos juntos en cualquier ciudad, y nos quedamos dentro con una guitarra, con nuevos amigos que mañana ya no estarán, con más bebidas que tenían reservadas y ahora saben que eran para nosotros, contagiados de la onda que lo envuelve todo hasta que salga el sol en otra calle. Este fin de semana toca Berlín.
Así cerramos los bares todos juntos en cualquier ciudad, y nos quedamos dentro con una guitarra, con nuevos amigos que mañana ya no estarán, con más bebidas que tenían reservadas y ahora saben que eran para nosotros, contagiados de la onda que lo envuelve todo hasta que salga el sol en otra calle. Este fin de semana toca Berlín.
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jueves 20 de agosto de 2009
Nostalgia
Voy a echar de menos mi capuchino de sobre por las mañanas en mi otro piso mientras hablaba con mi compañero, y el expreso que tengo en este otro, con otros compañeros también colegas.
También voy a acordarme de la sensación de pensar en inglés. Dejarme llevar por la pasión en otros idiomas y sentirme viva sin definir ni limitar, porque hay muchos significados distintos para cada cultura que matizan todo y nada.
Las comidas exóticas para mí, llenas de mantequilla asesina de arterias que preparan los amigos antes y después, según el día y las ganas de cuidarte.
Tomar cada noche algo por ahí, con todos siempre, porque hay cinco bares que están bien y cuando no hay unos amigos en un sitio, los hay en el otro. Hasta el amanecer vete a saber tú dónde.
Las fiestas improvisadas cada día en mi casa, en casa de otro, en mi tejado, en las montañas, en la calle bajo la lluvia, en las habitaciones de los estudiantes,...
Echaré de menos tener que ensayar flamenco delante de noruegos, paquistaníes, suecos, austríacos, italianos y alemanes que no tienen ni idea de qué están viendo. Cómo hay que explicarles el compás y cómo lo flipan.
Y la montaña. Dios mío, qué montaña. Te secuestra y te hace tomar conciencia de que no eres nada más de lo que eres en este mundo.
Y el fiordo. Amaneciendo allí, anocheciendo allí también, bañándote en el agua helada, soñando que perteneces al cielo rosa y al agua espejo.
Joder... Tengo la sensación de que me voy ya metida en el cuerpo. Estoy fuera. Y no quiero irme. Para nada. Hecho de menos España, pero tampoco la hecho de menos tanto como para volver. Quiero continuar mi vida, lo que soy, lo que siento yo sola. Y por supuesto lo voy a continuar allí. Pero mi piedra angular propia ha nacido aquí, entre este clima que cambia tan rápidamente como media hora de lluvia torrencial y media hora de sol incandescente en un horizonte inmenso recortado por las montañas madres. Esta piedra tiene tantos colores, brilla con tanta fuerza... hasta que late y todo mientras sonríe mirándome divertida y benevolente.
En una semana estoy fuera.
Hasta el verano que viene.
También voy a acordarme de la sensación de pensar en inglés. Dejarme llevar por la pasión en otros idiomas y sentirme viva sin definir ni limitar, porque hay muchos significados distintos para cada cultura que matizan todo y nada.
Las comidas exóticas para mí, llenas de mantequilla asesina de arterias que preparan los amigos antes y después, según el día y las ganas de cuidarte.
Tomar cada noche algo por ahí, con todos siempre, porque hay cinco bares que están bien y cuando no hay unos amigos en un sitio, los hay en el otro. Hasta el amanecer vete a saber tú dónde.
Las fiestas improvisadas cada día en mi casa, en casa de otro, en mi tejado, en las montañas, en la calle bajo la lluvia, en las habitaciones de los estudiantes,...
Echaré de menos tener que ensayar flamenco delante de noruegos, paquistaníes, suecos, austríacos, italianos y alemanes que no tienen ni idea de qué están viendo. Cómo hay que explicarles el compás y cómo lo flipan.
Y la montaña. Dios mío, qué montaña. Te secuestra y te hace tomar conciencia de que no eres nada más de lo que eres en este mundo.
Y el fiordo. Amaneciendo allí, anocheciendo allí también, bañándote en el agua helada, soñando que perteneces al cielo rosa y al agua espejo.
Joder... Tengo la sensación de que me voy ya metida en el cuerpo. Estoy fuera. Y no quiero irme. Para nada. Hecho de menos España, pero tampoco la hecho de menos tanto como para volver. Quiero continuar mi vida, lo que soy, lo que siento yo sola. Y por supuesto lo voy a continuar allí. Pero mi piedra angular propia ha nacido aquí, entre este clima que cambia tan rápidamente como media hora de lluvia torrencial y media hora de sol incandescente en un horizonte inmenso recortado por las montañas madres. Esta piedra tiene tantos colores, brilla con tanta fuerza... hasta que late y todo mientras sonríe mirándome divertida y benevolente.
En una semana estoy fuera.
Hasta el verano que viene.
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Fisketorget
Aquí los españoles que vienen a mi tienda ven la manera de hacer de ellos mismos reflejada en nosotros a cinco mil quilómetros de distancia de su nacimiento. Los españoles de Noruega somos como los que se iban hace décadas a Mallorca a hacer la temporada, con el mismo fin que nosotros: pagarse los estudios o la vida o vete a saber tú qué. Somos esos camareros que echan de menos los conservadores españoles, polipotentes, capaces de estar por todos y rápidos de mente a la hora de darse al cliente. Les hace gracia que tengas la cara tan dura y tan inocente. Así se conmueven y te dejan propina.
Va a ser extraño no hablar con gente de tantos países, metiéndose en la cabeza de cada uno según la cultura que tengan, para engancharlos y que compren lo mejor (quiero decir lo más caro) que hay en mi tienda. Cuánto vocabulario, gramática, filosofía de vida hay detrás de un agitado mercado internacional. Nunca me hubiera imaginado los rifirrafes que se pueden crear para sacar una tienda adelante. Qué cabeza más viva hay que tener, dándose vuelta por todo el mercado, para ver qué tienen los otros y a cuánto lo venden. Para saber quién vende más de aquí, con qué discurso lo vende cada uno...
Y luego está la mafia. Porque los sicilianos son una mafia, pero en este país los catalanes hemos tomado el relevo. Se sigue llamando "la cosa nostra". Asesinos de riñones de los burgueses que vienen a llevarse salmones salvajes como si fueran Jabugos, orgullosos de poder hacerlo después de pagar por ver las creaciones de la naturaleza, después de pagar por vivir, creyéndose libres por tener dinero.
A todo esto, que prácticamente no existe el salmón salvaje. Me precio de poder distinguirlo. Y esto quiere decir que lo meto de piscifactoría cuando he de hacerlo, porque por un lado me da rabia la tontería mundial, pero por otro... a veces lo vendo salvaje de verdad porque me contagio de buen rollo. No sé de donde viene, creo que de mí misma en este sitio.
Pero lo que voy a hechar de menos es a la gente. Todos amigos, todos hermanos. Dar y recibir, ampliando la mafia a los pequeños detalles: lavarle la ropa a la compañera de curro a la que le hacen moving en el piso, traerle el desayuno a tu amiga que está depre, enviarle los chavales turistas de interrail al de la tienda de enfrente que les negocia por lo bajo en la back door, darle unas gambas al chico que te prepara una hamburguesa de reno gratis... La sensación de ser una basura social inmigrante en otro país cambia mucho cuando estás con gente en la misma situación que tú. Cuesta mucho más integrarse, pero a la vez se vive más intensamente la amistad de verdad. La situación empuja y saca lo mejor y lo peor de cada uno.
Ahora todos están con el billete de vuelta en el bolsillo. Tienen destinos imprevistos hacia países del trópico donde van a ser ricos hasta el próximo verano que vuelvan. Algunos se quedan aquí y van a intentar estudiar. Otros se marchan a su país porque se les acaba el Erasmus con la sensación de estar completamente unidos para toda la eternidad a un grupo de gente genial. Se van justo tres días antes de que lleguen los nuevos a relevarlos, aún vírgenes de su propio crecimiento emocional.
Y en medio de todo esto estoy yo, con la sensación de que se acaba el Verano Azul, sin que se muera Chanquete esta vez, hacia Estocolmo antes de mis exámenes. Creo que quiero una reposición para el verano que viene.
Va a ser extraño no hablar con gente de tantos países, metiéndose en la cabeza de cada uno según la cultura que tengan, para engancharlos y que compren lo mejor (quiero decir lo más caro) que hay en mi tienda. Cuánto vocabulario, gramática, filosofía de vida hay detrás de un agitado mercado internacional. Nunca me hubiera imaginado los rifirrafes que se pueden crear para sacar una tienda adelante. Qué cabeza más viva hay que tener, dándose vuelta por todo el mercado, para ver qué tienen los otros y a cuánto lo venden. Para saber quién vende más de aquí, con qué discurso lo vende cada uno...
Y luego está la mafia. Porque los sicilianos son una mafia, pero en este país los catalanes hemos tomado el relevo. Se sigue llamando "la cosa nostra". Asesinos de riñones de los burgueses que vienen a llevarse salmones salvajes como si fueran Jabugos, orgullosos de poder hacerlo después de pagar por ver las creaciones de la naturaleza, después de pagar por vivir, creyéndose libres por tener dinero.
A todo esto, que prácticamente no existe el salmón salvaje. Me precio de poder distinguirlo. Y esto quiere decir que lo meto de piscifactoría cuando he de hacerlo, porque por un lado me da rabia la tontería mundial, pero por otro... a veces lo vendo salvaje de verdad porque me contagio de buen rollo. No sé de donde viene, creo que de mí misma en este sitio.
Pero lo que voy a hechar de menos es a la gente. Todos amigos, todos hermanos. Dar y recibir, ampliando la mafia a los pequeños detalles: lavarle la ropa a la compañera de curro a la que le hacen moving en el piso, traerle el desayuno a tu amiga que está depre, enviarle los chavales turistas de interrail al de la tienda de enfrente que les negocia por lo bajo en la back door, darle unas gambas al chico que te prepara una hamburguesa de reno gratis... La sensación de ser una basura social inmigrante en otro país cambia mucho cuando estás con gente en la misma situación que tú. Cuesta mucho más integrarse, pero a la vez se vive más intensamente la amistad de verdad. La situación empuja y saca lo mejor y lo peor de cada uno.
Ahora todos están con el billete de vuelta en el bolsillo. Tienen destinos imprevistos hacia países del trópico donde van a ser ricos hasta el próximo verano que vuelvan. Algunos se quedan aquí y van a intentar estudiar. Otros se marchan a su país porque se les acaba el Erasmus con la sensación de estar completamente unidos para toda la eternidad a un grupo de gente genial. Se van justo tres días antes de que lleguen los nuevos a relevarlos, aún vírgenes de su propio crecimiento emocional.
Y en medio de todo esto estoy yo, con la sensación de que se acaba el Verano Azul, sin que se muera Chanquete esta vez, hacia Estocolmo antes de mis exámenes. Creo que quiero una reposición para el verano que viene.
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