martes, 25 de marzo de 2008

Magia

Me gusta cocerme a 38º C en un manantial natural mientras cae la nieve fuera. El vapor me da en la cara mientras una ventisca de hielo se derrite unos milímetros antes de tocar mis hombros. Cuento las estrellas enmarcadas en el valle fluvial. El sonido del agua cayendo y la vida que rodea todo mi cuerpo me relajan y estimulan a la vez. Al salir, el cuerpo ha almacenado tanto calor que no se nota el frío ni siquiera en el camino hasta la cabaña.

sábado, 15 de marzo de 2008

Infierno y cielo

Martillos que repiquetean en la oscuridad. Toc - toc- tic - tic - toc, en un zumbido sordo. Van clavando pequeños clavitos, tic - tic - tic. Los van clavando en el cerebro. Tic - tic - tic. Chinchetas, astillitas metálicas... Suena el politono PIPIRIPI... TIC - TIC - TIC. Clavos grandes de acero. PIPIRIPIP .... TOC - PLOC - POC. Que pare, por favor!!! PIRPIRPIPIP... Los clavos suben desde la mandíbula y se clavan en el hipotálamo, PIPIRPIPIP de acero frío penetrando y ahondando,... PIPIRPIPIPI. Voy a colgarlo... Breves instantes de paz. Otro clavo metálico. Un zumbido intenso de fondo y los clavos helados siguen hundiéndose. El cerebro es como un mercurio líquido y frío que se desliza por el bulbo raquídeo, bajando por las cervicales hacia la médula.

- Cariño, aquí estoy. No hables, no abras los ojos. Solo deja que te dé ésto. Son unas ampollas de nolotil. Te tienes que tomar las dos y ponértelas debajo de la lengua unos segundos.

Desde un lugar lejano y próximo a la vez una sensación infinita recorre los brazos y las piernas. TOC - toc - tic - ti... Es un cielo en el atardecer, con una luz que llena todo el cuerpo por dentro. Puedo abrir los ojos de nuevo, puedo mover mi cuerpo muy lentamente. Pero estoy agotada, no quiero moverme. Quiero quedarme en esa mecedora en un porche bucólico, como una abuela centenaria que no tiene ya preocupaciones. Intento atisbar en el horizonte y me encuentro con el azul cielo de tus ojos salvadores.

domingo, 9 de marzo de 2008

Elecciones

Hoy he ido a votar temprano.
Si atendemos a la ecuación de Nerst, para una constante de los gases dada y otra constate de Faraday en el mismo caso a temperatura ambiental (nos indicarán si a 15 o 25º C o cuaquier otra), tenemos que el potencial de membrana variará en función del logaritmo neperiano de las concentraciones de los iones a ambos lados de la membrana. Y esto es un hecho, inalterable desde el principio de los sistemas nerviosos en la faz de la Tierra.
Después del crecimiento personal que han supuesto para mí estas frases liberadoras, el proceso de introspección inmediato que se desprende de las últimas líneas me ha hecho sentir un tanto más completa. Incluso distinta. De una manera tan intensa que, me he arrepentido de votar tan rápido. Me hubiera gustado pensármelo una vez más. Y estoy segura que si los políticos supieran cómo puede llegar a cambiar la cultura una opinión determinada, la educación sería todavía peor.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Secuestro

Esta mañana he tenido un altercado antes de venir a trabajar. He llegado inmoralmente tarde al trabajo, pero tengo una causa de sobras justificada. Me han secuestrado.
Ha sido un sujeto de color oscuro. Me ha retenido despiadadamente, me agarraba por los hombros, me pegaba hacia su ser con fruición. Cuando me dejaba libre un brazo, me cojía por las piernas, cuando no, era la cintura. Me tapaba los ojos cubriéndomelos y me dejaba postrada mientras me cojía por los hombros. Así hasta media hora de forcejeo molesto y confuso.
Al final, he dejado de resistirme, me ha vencido su constancia. Me he dejado llevar y he sacado mi mente de la escena, de los ruidos y la oscuridad confusa que me rodeaban. Mi imaginación ha volado hacia las montañas. Había un montón de animales y olía a fresco y limpio. Veo un petirrojo que se me acerca y me pide que le siga, y me pongo a trepar por un sendero en ascenso. El frío arrecia. Justo cuando desaparecen los árboles lo encuentro a él. Es David y está mirándome con el petirrojo en el hombro. Pero cuando me acerco a él, el suelo cede sobre mi pie izquierdo. No tengo donde agarrarme, así que me voy despeñadero abajo. ¿Cómo no lo he visto? Si es el barranco rocoso donde estube estudiando al quebrantahuesos el año pasado. Allí está, en un hueco entre las rocas, con sus polluelos, mirándome con curiosidad mientras me hago pequeña... pequeña... Y al final de mi caida, me encuentro sentada en esa silla azul de falsa ergonomía que produce lumbalgia. Estoy en mi cubículo de la oficina, todo el mundo me mira porque voy llena de hojas del suelo, desnuda, el pelo tan arrebolado que se me ha llenado de rastas ordenadas y con pechinas de adorno (muy guapa, por cierto). Mi jefa me mira más que los demás, con más odio. Se me acerca: "Esto no puede seguir así, tenemos que hablar" NOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!
Entonces mi secuestrador me ha soltado, ha perdido toda su fuerza y me ha dejado libre. Ha quedado agotado, reducido a un triste nórdico de 25% plumón de pato.

jueves, 28 de febrero de 2008

Infancia dulce

"Pan, pan, pan. Trocitos de pan... laralaralá..."
"¿Qué haces con el bocadillo? ¿No ves como lo estás poniendo todo perdido de migas?"
"Luego recojo todas las amigas, ¿Vale?"
"Aixxx, no son amigas, son migas de pan."
"Las amigas del pan"
"No, migas del pan, MI-GAS, MI-GAS."
"A-MI-GAS, mamá, A-MI-GAS."
"Ya sabes que las amigas son las otras niñas que van contigo, el pan no puede tener amigas. Esto son MIGAS."
"No mamá, son las AMIGAS del pan. ¿No ves que siempre van juntos? El pan y sus AMIGAS."

lunes, 25 de febrero de 2008

Hikikomori

Las 11 de la mañana de un sábado. "Hola cariño. Hoy he venido puntual, ¿eh? Vamos a salir a dar una vuelta, vamos hasta las Ramblas, va." Tiene la cara pálida, los ojos hinchados por el sueño, envueltos de una ojera morada.
"Vale, vamos a salir un poco." Se pone la bata encima del traje con la corbata que llevaba puesto, se asoma para ver que no haya nadie fuera de las fronteras de su espacio y cruza hasta la cocina. Lo sigo, esperanzada. Coge dos platos, los llena de macarrones fríos y emprende la vuelta.
"Biel, no vuelvas. Vamos a comérnoslo en el comedor, venga, va. Y después salimos."
No hay manera. Me espera en el quicio de su puerta con cara de impaciencia, casi con ira. ¿Quién sabe lo que es capaz de hacerse ahí dentro? La puerta se cierra tras de mí, con llave, como siempre.
Toc-toc-toc. "Biel, he oído la puerta, sé que estás despierto. Sal, quiero que hablemos." "Acabo de salir, no me hagas volver a abrir la puerta. Estoy con Ana" Toc-toc-toc. "Biel, creo que si la persona que tienes al lado te quisiera un poquito, no estarías así." Y, después de la bomba de efecto retardado, los pasos se alejan por el camino.
Me hizo sentarme en la cama, con el plato en las rodillas y pretendía que comiera así, un sábado a las 11 de la mañana. "Biel, cariño, creo que es mejor que me marche. Mi hermana estará esperándome." Me mira iracundo otra vez. Deja su plato encima de una columna de papeles ordenada por las motas de polvo que fueron cayendo. "Si hombre, me has hecho salir, te he puesto los macarrones que ha cocinado mi madre y ahora ¿pretendes que vuelva a abrir la puerta para que te marches? Pues entonces, para qué has venido?"
"Para qué va a ser? Me da miedo que te hagas algo aquí dentro, que necesites hablar con alguien de algo que no has entendido y que estés solo sacando conclusiones de un mundo que no exista y te estés creando. Nadie espera nada de ti que no puedas dar, ¿sabes? Lo que tú decidas hacer con tu vida es solo cosa tuya y no tienes que cumplir las espectativas de nadie." Mira a su plato, pensativo. "Pues ahora no se va a volver a abrir la puerta." Termina de comer, enciende el ordenador y se pone a jugar al Half life.
Al cabo de dos horas de jugar, sin contestar a mis frases, más bien súplicas, ni a mis lágrimas, se levanta y se acerca a la puerta. Mientras gira la llave en la cerradura me dice: "¿Sabes una cosa? No se puede ir a casa de los demás a poner tus normas. Y esto es lo último que voy a decirte".

viernes, 22 de febrero de 2008

Islam

Descanso en tu piel tatuada de arena, como sobre la primera duna después de un oasis de agua clara. Cada palabra que me susurras es el viento que mece las palmeras y hace caer el dátil más dulce que me das con un beso. Estoy en el paraíso.
"Tengo que hablar contigo. Es algo importante." Viento moderado, granitos de arena se levantan del suelo y se posan sobre tu piel. Te los quito de encima con una leve caricia y vuelvo a apoyarme en esa duna que se mueve al ritmo que respiras. "¿Y de qué se trata?"
"Me quiero convertir al Islam." Ojos negro azabache, como las noches de estrellas que guían las travesías de tu caravana por las sendas que el agua subterránea marca de oasis a oasis. Ojos decididos y firmes que me atraen como un imán hacia el paraíso más maravilloso. "Pues yo creía que ya lo eras."
"Te quiero."